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Publicado por Activado May 25, 2017 en Blog, Destacado

CAMBIOS EN LA RELIGIÓN Y EN LA CULTURA

CAMBIOS EN LA RELIGIÓN Y EN LA CULTURA

IV-Congreso de Teología y Pastoral

Prof. George Augustín. SAC

Muchos son los católicos que se han alejado de la Iglesia, aunque su identidad permanezca ligada a ella. Son conscientes de que su mundo ha cambiado y ellos también. Quieren ser fieles discípulos de Cristo pero saben que no pueden lograrlo solos. Debemos ayudarlos a lidiar con su identidad personal y cristiana en el nuevo contexto de secularización y secularidad en que viven. Debemos explorar las variadas y a veces conflictivas dimensiones de los contextos personales, sociales, culturales y eclesiales en que los cristianos tienen que ser fieles discípulos hoy de Cristo. Estos aspectos tienen profundas implicaciones para la catequesis y la espiritualidad.

Cuando hablamos de cambios en la religión y en la práctica religiosa en nuestro mundo secularizado, tenemos que pensar en los cambios culturales que están sucediendo en nuestro mundo. Cultura y religión son dos componentes de la cultura que están íntimamente relacionados: los cambios culturales afectan a la religión, y los cambios en la religión tienen lugar en la cultura.

El papa Paulo VI hizo énfasis en la dimensión cultural del mundo en que vivimos. En el número 20 de Evangelii Nuntiandi escribió: “La ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo como lo fue también en otras épocas. De ahí que se deban hacer todos los esfuerzos con miras a una generosa evangelización de la cultura. Para evangelizar la cultura, tenemos que examinar algunas de sus características más importantes para pode entender los cambios en la religión”.

Para entender la cultura contemporánea tenemos que estar familiarizados con la filosofía, la psicología y las ciencias modernas; tenemos que tener en cuenta la pluralidad de las culturas y los múltiples contextos religiosos en los que tienen lugar los cambios en la cultura. Desde que surgió la noción del “yo” autónomo en nuestra cultura occidental, son muchos lo que han reconocido este hecho como el desarrollo más importante de nuestra cultura.

Esta reflexión busca situar el fenómeno de la cultura dentro del contexto histórico de nuestra cultura caracterizado por los cambios en la religión. Desde los griegos, ha habido dos maneras complementarias de mirar el mundo material. Una, según Aristóteles, estática y esencialista, con énfasis en la primacía del SER. La otra, más dinámica y existencialista, con primacía en el ACTUAR, en el cambio. Estos dos puntos de visa se intercalan en el mundo de nuestra cultura cristiana occidental, en una síntesis entre la filosofía, la ciencia y la teología.

En 1550, se decía: En primer lugar existe la unidad en las cosas según la cual, cada cosa coincide y está en coherencia con ella misma. En segundo lugar, está la unidad en el actuar por la cual una criatura está unida con las demás y todas las partes del mundo constituyen un solo mundo.

En tercer lugar está la más importante unidad que es aquella por la cual todo el universo es uno con el Creador.

Ruptura de la visión unitaria del mundo.

La visión unitaria del mundo medioeval se rompió por tres movimientos históricos: La Reforma protestante, el desarrollo de las ciencias y las nuevas tecnologías. Los psicólogos dicen que estos movimientos fueron el triunfo del lado izquierdo del cerebro, es decir, del pensamiento racional y objetivo sobre el lado izquierdo del cerebro, es decir, del pensamiento intuitivo y afectivo.

El hecho es que todo comenzó a cambiar con la Reforma en el siglo XVI. Las comunidades estables dedicadas a la meditación y a la contemplación en el sur de Europa fueron desafiadas por las comunidades nómadas y de voluntad cambiante del norte, que insistían en la importancia de la acción dinámica como lo afirmaban los calvinistas y los luteranos. Ellos, acentuando las características masculinas de la religión, abolieron la devoción mariana, afirmaron que la Revelación nos viene a través la Palabra de Dios, pero negaron la presencia de lo Trascendente que está en ella. Así surgió una nueva manera de concebir la revelación: Dios solo puede llegar a la conciencia racional a través de la palabra, y no puede estar mediado por experiencias religiosas no racionales, tales como los sueños o los símbolos sacramentales. Esta visión de los reformadores hizo que surgieran las perspectivas mecanicistas de la ilustración. Por otra parte los reformadores, en oposición a las iglesias católica y ortodoxa, propusieron una noción des salvación muy individualista (ej. Jesús es mi Señor y Salvador personal).      

Los desarrollos de la ciencia rompieron la visión unitaria del mundo. Hombres como Nicolás Copérnico, (1473-1543) Galileo Galilei (1564-1642) e Isaac Newton (1642-1727) reemplazaron la convicción medieval de que la naturaleza era un organismo vivo, por la de que la naturaleza es una máquina inanimada (mecanicismo filosófico). Por la misma época, René Descartes (1596-1650) potenció la nueva visión de la ciencia y debilitó la íntima conexión entre la mente y el cuerpo. Consideró el cuerpo como una máquina y el pensamiento como un reloj que puede ser defectuoso cuando está en un hombre enfermo y que funciona bien cuando está en la mente de un hombre sano. Por otra parte, los sociólogos y los historiadores mostraron cómo el capitalismo podía crecer y prosperar según la cultura creada por la Reforma y la revolución científica. Ambos movimientos: la Reforma religiosa y la revolución científica, prepararon el camino al capitalismo del cual nació el protestantismo y la revolución científica, porque necesitaba de una nueva visión ético-religiosa y de una nueva visión del mundo.

El protestantismo y la revolución científica actuaron recíprocamente. Aplicando las intuiciones tecnológicas de las nuevas ciencias, aprendieron a dominar, a someter y a explotar los recursos de la tierra. Esto se agudizó con la llegada de la revolución industrial en el siglo XIX. La revolución industrial no sólo afectó la conexión entre el hombre y la naturaleza, sino que subordinó al hombre, sus relacione y sus derechos a los imperativos de las leyes del mercado, tales como la pérdida y la ganancia, la oferta y la demanda, insistiendo más en la competencia que en la cooperación. Esta manera de pensar y estas actitudes fueron y siguen siendo perjudiciales en cuanto a la solidaridad comunitaria.

Quienes vivimos en el siglo XXI tenemos que lidiar con las consecuencias de esta clase de capitalismo. No solo enfrentamos la crisis ecológica con sus nefastas consecuencias sino que los seres vivos estamos en peligro. Mientras seguimos tolerando aspectos inaceptable del capitalismo, la brecha entre ricos y pobres se acrecienta y crece el número de personas que alcanzan el rango de “nuevos pobres”. A pesar del bienestar económico de la sociedad de consumos, las personas sufres una hambruna de amor y comprensión y, en consecuencia, se sienten afligidas por todo tipo de problemas psico-espirituales

Resultados de la ruptura de la visión holística del mundo.

Como resultado de la Reforma protestante, del desarrollo de las ciencias y del capitalismo, el cordón umbilical que unía a las personas con el reino de lo creado y de los increado, se ha visto afectado con fuertes efectos negativos que agruparemos en siete “A”: Absurdo, Alienación, Ansiedad, Anomía, Apatía, Agnosticismo, Ateísmo.

Analicemos cada uno:

  1. El Absurdo. La “ciencia” de Newton, la filosofía de Descartes y el idealismo de Kant dejaron al hombre a la deriva, en un mundo ajeno y vacío del significado de la trascendencia. El “modernismo” dio origen a la tendencia “posmoderna del “nihilismo” que considera la realidad como algo absurdo. Jean Paul Sartre (en la Nausea) y Albert Camus (en El extranjero), dicen: “En las profundidades del hombre dominado por los mayores movimientos de su vida, reside un absurdo esencial”.
  2. La Alienación. En la medida en que el hombre pierde contacto con el sentido de la vida, experimenta un sentimiento de alienación que expresa en términos filosóficos y psicológicos. Los psicólogos lo describen como el extrañamiento del neurótico de sus propios sentimientos, deseos, creencias y energías. Es la pérdida del sentimiento de ser una fuerza activa y dominante en su propia vida. “La alineación como la encontramos en la sociedad, moderna es casi total. Impregna la relación del hombre con su trabajo, con las cosas que consume, con sus compañeros y con él mismo. Mucha gente se siente también alienada de Dios” (Erik Fromm). Santa Teresa de Lisieux dio testimonio de su desolación en el relato de su tentación de ateísmo: “Sueñas con la luz, con una patria aromada con los más suaves perfumes; sueñas con la posesión eterna del Creador de todas esas maravillas; crees que un día saldrás de las nieblas que te rodean. !Adelante, alégrate de la muerte que te dará, no lo que esperas, sino una noche más profunda todavía la noche de la nada.” Otros escritores han mostrado que estas formas de extrañamientos pueden verse reforzadas por la burocracia ya el consumismo.
  3. La Ansiedad. Cuanto más las personas pierden contacto con el significado de la vida, más profundamente experimentan la ansiedad que puede manifestarse en formas neuróticas. De hecho, este fenómeno se ha llegado a extender tanto, que el siglo XX fue descrito como “la era de la ansiedad”. La palabra ansiedad viene del latín “anxius, angustus” que significan estrecho. Los ansiosos tienden a ser desconfiados, estrechos de mente y defensivos. Con frecuencia huyen de su dolor interior con una búsqueda de poder, placer o status. El intento de huir de la ansiedad y el dolor interior lleva también a todo tipo de adicciones obsesivas y puede ser causa del llamado “síndrome de agotamiento”.
  4. La Anomía. La alienación y la ansiedad de la sociedad moderna pueden llevar a la “anomía”, es decir a la usencia de normas, al colapso de las reglas de conducta y a la pérdida de valores y propósitos. El concepto puede entenderse tanto en términos psicológicos como sociales. Muchas personas carentes de normas suprimen sus ansiedad volviéndose apáticas. Evitan las relaciones cercanas y se muestran incapaces de sentir gusto por nada. Tienden a ser fríos, desprendidos y empecinados en su actitud. “La apatía y la falta de sentimiento son mecanismos de defensa contra la ansiedad. Cuando una persona enfrenta continuamente peligros que no puede superar, su línea final de defensa es, finalmente, dejar de sentir el peligro.
  5. Apatía, Laapatía es la falta de emoción, motivación o entusiasmo. Es el término usado en psicología para designar un estado de indiferencia en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física. La apatía clínica se considera depresión en el nivel más moderado y se diagnostica como trastorno de identidad disociativa en cosas que no se consideran importantes. Se sabe que ciertas sustancias químicas causan síntomas asociados con o desencadenantes de la apatía. Como diagnóstico clínico, la apatía no indica pereza, pero en el uso común del término la correlación es bastante directa. En teología moral, la pereza se considera un pecado capital que conduce a una mayor disociación con la vida. En este contexto, estar disociado es estar “en el hades”, es decir, en un estado en el que el espíritu está destruido o en un estado de destrucción. En la práctica de las religiones orientales, como el hinduismo o el budismo, la apatía es un estado de meditación avanzado con aspectos de extrema falta de deseo y acude al ritual de la meditación como la base adecuada para recuperarse de la indiferencia y beneficiarse de su experiencia. Así, algunos críticos ven a los ascetas o santos esforzándose por lograr un nivel de “apatía” que los teólogos místicos prefieren llamar disociación o indiferencia.
  6. Elagnosticismo es la postura filosófica que considera inaccesible para el ser humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende o que va más allá de la experiencia de los sentidos. Para algunos agnósticos, la existencia de un dios o de una realidad última, es incognoscible debido a la carencia subjetiva de experiencia. Otros afirman que el conocimiento sobre la existencia o no de seres superiores no solo no ha sido alcanzado sino que es inalcanzable. Finalmente, los panteístas afirman que la existencia o no de seres superiores, no solo es desconocida sino que no tiene sentido. El agnosticismo no es necesariamente una posición anti-religiosa. El agnóstico puede o no entender las creencias sobrenaturales como una opción personal de cada individuo, que él mismo no comparte, como ideas falsas o simplemente, como ideas no comprobadas.
  7. Ateísmo. Los seres humanos tienden, por naturaleza, a creer en Dios y en la vida más allá de la muerte.La psicología evolutiva determina que la fe en Dios es un impulso humano universal que se encuentra en todas las culturas y está presente desde la más tierna infancia. Y mientras que la creencia en Dios se desarrolla de un modo natural y espontáneo, el ateísmo es una postura cultural que necesita ser aprendida. Esto quiere decir que existen ateos en cuyo aprendizaje están aún en pañales, ya sea en el pre-escolar, en el colegio o la universidad y que, muy probablemente, no todos alcanzan a obtener maestrías o doctorados en ateísmo. El caso es que, mientras arremeten contra cualquier creyente, no pueden negar su atraso en cómo aprender a negar la existencia de Dios. Les resulta imposible negar lo que nos viene por naturaleza. El estudio del ateísmo posee implicaciones interesantísimas y si alguno considera que por su estatura intelectual está en condiciones de medírsele al hecho, remítase a la experiencia de quienes han pretendido extirpar de la cultura toda manifestación de Dios. Les ha pasado lo que al “príncipe” aquel que queriendo que sus súbditos no tuvieran narices como él, porque nació chato y ordenó mutilar la nariz de todos sus súbditos para que los hijos nacieran chatos.

 Con el desarrollo de la ciencia y del conocimiento humano, fueron muchos los autores que denunciaron la irrelevancia de la creencia en Dios o en deidades. Este es el caso de muchos marxistas y de autores como, Ludwig Feuerbach, Augusto Compte y Friedrich Nietzsche en el siglo XIX, y Daniel Bennett en el siglo XX y XXI. El ateísmo de Estado se ha impuesto históricamente en la mayoría de los países socialistas como la antigua Unión Soviética, China, Albania, Mongolia y Corea del Norte. El ateísmo de estado incluía una persecución activa y, a veces violenta, de las religiones, de sus instituciones, sus líderes y sus creyentes. La Unión Soviética mantuvo un largo historial de ateísmo de estado. Esta actitud fue especialmente importante durante el mandato de Stalin.

La causa radical de la actual crisis Religiosa-Cultural

Parece que el creciente secularismo en las sociedades occidentales se debe a la masculinización de la cultura. Incidentalmente, las palabras “masculino” y “femenino” son usadas como metáforas culturalmente condicionadas.

El principio masculino tiende a ser racional, distante y objetivo, mientras que el femenino tiende a ser intuitivo, afectivo, relacional y experiencial. Podemos ver que muchos de los constructores del pensamiento occidental moderno fueron hombres excesivamente racionales, nada propensos al principio femenino. Entre ellos están Descartes, Schopenhauer, Kierkegaard, Goethe y Sartre. El racionalismo y el positivismo han influido en la civilización occidental durante los pasados tres siglos de manera excepcional. Si comparamos lo exclusivamente racional y técnico con lo masculino, surge el retrato de un mundo empobrecido en valores femeninos. Miremos algunos ejemplos: René Descartes era u solitario que nunca se casó, obsesivo y fio. Como a los autistas, el mundo le aterraba. Para Descartes, el universo no representa una realidad sacramental de un Dios en el que se pueda confiar, sino más bien la expresión de una voluntad divina impenetrable, arbitraria y amenazadora. De manera típicamente autista, buscaba una certeza en la cual descansar. Por eso escribió: “Me di cuenta de que era necesario demoler todo por completo comenzar desde cero, si quería establecer algún sistema firme y permanente”. Y encontró la respuesta, no en la relación sino en su propia subjetividad, cuando dijo: “Pienso, luego existo”. La única manera en la que Descartes pudo evitar naufragar en su soledad fue proponer un argumento ontológico de la existencia de Dios. Si Dios existe, argumentó, actuaría como garante de la aparente existencia del mundo exterior y del propio cuerpo. Más tarde Feuerbach escribió que Dios es solo una proyección del infinito potencial de la subjetividad humana. De igual manera, Emmanuel Kant sufrió del síndrome subjetivista, Él desconfiaba del mundo y por eso se refugió en la subjetividad. Sostuvo que no es posible conocer la realidad en sí misma, sin solo las apariencias preconcebidas a través de categorías de la mente como causalidad, cualidad, cantidad, relación y modo. En su obra, Crítica de la razón pura, escribió como un autista: “No sólo hemos recorrido el territorio del entendimiento puro y examinado cada una de sus partes, sino que hemos comprobado su extensión y señalado la posición de cada cosa. Ese territorio es una isla que ha sido encerrada por la misma naturaleza entre límites invariables. Es el territorio de la verdad, rodeado por un océano ancho y borrascoso, patria de la ilusión donde algunas nieblas y algunos hielos que se deshacen prontamente, producen la apariencia de nuevas tierras y engañan una y otra vez con vanas esperanzas al navegante ansiosos de descubrimientos, llevándolo a aventuras que nunca es capaz de abandonar pero que tampoco puede concluir jamás”.

La personalidad autista de Descartes y de Kant muestra un perfil típicamente masculino, débil para entrar en relación pero hábil para sistematizar. Como estos, otros filósofos y científicos, extremadamente brillantes y creativos, han influido notablemente en nuestra manera de ver el mundo. Se podría decir que al visión es autista, innatural, arraigada en la ansiedad, fría y disfuncional.

En la medida en que las fuerzas propias de la psique masculina han predominado en la cultura occidental, las personas han perdido contacto con su profunda identidad femenina. Han perdido contacto con las fuerzas arquetípicas de su alma y con su profundo yo espiritual. La alienación del alma se ha visto forzada por el hecho de que el condicionamiento cultural ha separado a muchas mujeres de su feminidad profunda. Al respecto, Freud dijo que el objetivo de un análisis exitoso era el “repudio de la feminidad” en la vida tano de hombres como de mujeres.

La crisis de lo femenino es una de las principales razones la crisis religiosa de nuestro tiempo. La conocida incidencia del “yo autónomo” es más un síntoma, que la verdadera causa de nuestros problemas religiosos y culturales. En la medida en que hombres y mujeres pierden contacto con el arquetipo femenino, pierden contacto, también con el poder único que puede vincularlos de forma única con empotro, con la naturaleza y con Dios. El declive de las dimensiones femeninas y contemplativas de la psique humana han llevado inevitablemente al eclipse virtual de Dios, al agnosticismo e incluso al ateísmo. “La mente occidental ha evolucionado por el heroico impulso a formar un yo autónomo racional separándolo de la unidad primordial con la naturaleza. Todas las perspectivas de la cultura occidental han resultado afectadas `por la masculinidad.” (Richard Tamas). Con la represión de la indiferenciada conciencia unitaria y de la unión mística con la naturaleza la progresiva negación del alma del mundo, de la comunidad del ser, de lo impregna todo, del misterio y de la ambigüedad, de la imaginación, la emoción, el cuerpo y la naturaleza; la heroica búsqueda masculina ha llegado a su extremo en la conciencia de la mente moderna que, en su absoluto aislamiento s ha apropiado de toda inteligencia en el universo: sólo el hombre es un ser consciente e inteligente, el cosmos es ciego y mecánico, Dios ha muerto.

Reconocer las afinidades dadas por Dios.

De lo dicho podemos concluir que la racionalización es el problema subyacente en la cultura moderna y posmoderna, y que el capitalismo, más que la Reforma o el desarrollo de las ciencias es su causa fundamental; que no habrá un cambio fundamental, mientras no se restaure y honre el sentido del corazón y se emprenda una crítica efectiva al desenfrenado capitalismo y sus corrosivos efectos sobre las personas y sus relaciones con los demás seres humanos, con la naturaleza y con Dios.

Este cambio cultural está siendo llevado a cabo por los modernos desarrollos, tales como el feminismo que promete activar un cambo de paradigma fundamental de perspectiva. “En física se ha descubierto recientemente que el universo material es esencialmente un campo de energías en el que las partes pueden comprenderse solo en elación con el todo. En la física moderna está presente la idea de que el todo está, de algún modo, presente en la parte y que cada pate está interconectada con el todo. Esto es demostrable en la holografía donde cada parte del holograma contiene toda la imagen impresa en su superficie. Será también correcto decir que el caos y la teoría de la complejidad tienen que ver con el orden del universo. La noción de la invariabilidad de las leyes de la naturaleza, entendida como un gran reloj mecánico, ha entrado en cuestión”. La perspectiva holística, evidente en la física cuántica se revela en la ecología y en la meteorología que reconocen la inteconección de todo en el cosmos. Lo mismo está sucediendo en psicología de tipo transpersonal, que va cada vez más allá de las visiones mecanicistas y conductistas de Freud hacia una perspectiva más holística que integra los ámbitos de la mente, del cuerpo y del espíritu. Se reconoce ampliamente que Jung estaba en lo cierto cuando habla de la complementariedad del ser masculino y el femenino, no solo en el yo y en las relaciones interpersonales, sino en el conjunto de la cultura.

De lo anterior podemos deducir que el movimiento de la Nueva Era no sólo entiende mucho de las definiciones contemporáneas de la cultura , sino que ofrece, aunque de manera pagana, un camino que no solo es atractivo para muchas personas, sino que desafía al cristianismo. La Nueva Era enfrenta el problema de la racionalización de la cultura y la autonomía del yo; insiste en la importancia del arquetipo femenino y sus aptitudes contemplativas; rompe la dicotomía sujeto-objeto, característica del pensamiento moderno y posmoderno y lo reemplaza por un sentido místico de la interconexión de odas las cosas. La Nueva Era, tiene cosas interesantes que decir sobre temas como la ecología y la sanación holística.

El documento de la Santa Sede, Cristo Portador del Agua de vida, que es una reflexión cristiana sobre la Nueva Era, ofrece una descripción bien lograda de la visión del mundo de la Nueva Era. Refiriéndose a sus creencias centrales del Movimiento, dice:

  • El mundo, incluida la raza humana, es la expresión de una naturaleza divina superior más completa.
  • Oculto en cada ser humano hay un ser divino que es la manifestación de una naturaleza divina superior, más completa.
  • Esta naturaleza superior puede despertarse o convertirse en el centro de la vida cotidiana del hombre.
  • Este despertar es la razón para la existencia de cada individuo.

Aunque el documento pontificio no acepta las creencias de la Nueva Era, hace algunos comentarios positivos acerca de ella. En primer lugar, ve la Nueva Era como una laudable reacción contra el materialismo y el racionalismo de un sector de la cultura dominante en nuestro mundo. En segundo lugar, está bien sintonizada con la importancia que la cultura contemporánea da a la experiencia en general y a la experiencia religiosa en particular. En tercer lugar, la Nueva Era es atractiva para mucha gente dispuesta a tener una experiencia espiritual, que se siente desilusionada de las iglesias institucionales. En cuarto lugar, la Iglesia ve en la Nueva Era la reaparición del viejo gnosticismo que habla de salvación a través de un estado elevado de conciencia. Así como las creencias gnósticas no fueron acepadas en el cristianismo primitivo, tampoco las creencias de la Nueva Era son aceptables para la actual.

El Documento, “Cristo Portador del Agua de Vida”, indica también el por qué de este rechazo desde el puno de vista cristiano, porque:

1º Dios no es una energía impersonal sino una Trinidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

2º Cuando la Nueva Era dice que Jesucristo no es sólo divino, sino una de las manifestaciones del Cristo cósmico y universal, se equivoca ampliamente.

3º Mientas la Nueva Era cree que nos salvamos a nosotros mismos elevando nuestros niveles de conciencia a través del esfuerzo personal y de técnicas psicológicas, los cristianos creemos que somos justificados por gracia a través de la fe en Cristo y no por nuestros propios esfuerzos.

4º Los cristianos no aceptamos la noción de pecado que presenta la Nueva Era, como una forma imperfecta de conocimiento que puede remediarse a través de métodos.

La evangelización en el mundo cultural contemporáneo

Los cristianos no podemos evangelizar efectivamente si no comprendemos la cultura contemporánea. En el numeral 25 de la encíclica Redemptoris Missio, Juan Pablo II cita el ejemplo de San Pablo: los discursos en Listra y Atenas (Hech 14, 15-17; 17, 22-31) son reconocidos como modelos para la evangelización.

La ciencia sigue produciendo enormes efectos en la cultura moderna. Para muchas personas la ciencia excluye la posibilidad de miagros o de respuestas a la plegaria porque ambos suponen un tipo de intervención de Dios.

Como consecuencia, ha habido un inmenso declive en el sentido de lo sobrenatural. Frente a ésto, los cristianos podemos hacer dos cosas:

En primer lugar, valernos de apologistas familiarizados con la ciencia que puedan señalar con autoridad, que no debemos mantener una visión cerrada del mundo, y

En segundo lugar, mostrar la presencia del reino sobrenatural a través del ejercicio de los carismas, especialmente de la fe, la curación, el exorcismo y los milagros (1Cor 12,9). San Pablo se refirió a estos como manifestaciones de la presencia trascendente del poder de Dios (cf 1Cor 12,7).

En la cultura contemporánea no sólo hay crisis de fe, sino también, crisis de expresión de la fe. Normalmente nuestra cultura cristiana se articula en las categorías estáticas y racionalistas de la filosofía grecorromana. La mentalidad clásica es deductiva y enfatiza los principios y las conclusiones abstractas. Tiende a ser un conocimiento independiente de la experiencia, examina la naturaleza de las cosas y saca conclusiones deductivas de principios preestablecidos. La mentalidad práctica, por el contrario, busca que el pensamiento sea probado a través de la experiencia, enfatiza en los cambios de las circunstancias y saca conclusiones contingentes. Comienza con datos concretos, emplea un método empírico, insiste en la hermenéutica y saca conclusiones inductivamente de sus fuentes. Si la enseñanza cristiana no quiere parecer anacrónica e irrelevante, tiene que expresarse en las dinámicas y en las categorías evolutivas del mundo en que vivimos (cf GS 5). Debemos intentar lo que los Padres de la Iglesia, como Justino mártir, Ireneo y Tertuliano lograron en su momento. Ellos expresaron las intuiciones de la Biblia en el lenguaje del mundo grecorromano. Necesitamos hacer algo similar ahora encontrando el lenguaje contemporáneo para expresar las verdades cristianas de siempre. Por ejemplo, la palabra “pecado” puede no resonar par mucha gente, hoy en día; pero palabras equivalentes como “inauténtico”, “alienación”, “perder el rumbo” pueden emplease como sinónimos efectivos. Si nos comprometemos en una reflexión teológica que busque reaccionar la experiencia personal y la sabiduría secular con las Escrituras y la enseñanza de la Iglesia, será más fácil hablar en términos significativos y relevantes.

Se ha hecho una buena investigación acerca de las dinámicas del desarrollo humano. Se ha mostrado que hay diferentes estados en el conocimiento cognitivo; el desarrollo del ego; el desarrollo psicosocial; el desarrollo moral; el desarrollo de la fe. Sabemos que la gracia de Dios no reemplaza la naturaleza, sino que la perfecciona. Necesitamos atender a nuestro propio desarrollo humano como parte de nuestro crecimiento hacia la santidad. Sabemos, o la investigación que, cuando las personas sin fe religiosa son evangelizadas, frecuentemente llegan a un nivel de desarrollo en la fe equivalente al nivel de su propio desarrollo humano. Si el evangelizado es una persona con cierta madurez psico-espiritual, es más factible que diga algo significativo y relevante a los buscadores y peregrinos de nuestra época.

Perspectivas.

Cuando el Papa Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II dijo en su discurso de apertura: “la mayor preocupación del Concilio Ecuménico es guardar y enseñar más efectivamente el sagrado depósito de la doctrina cristiana… La Iglesia nunca puede apartarse del sagrado tesoro de la verdad…Al mismo tiempo, debe siempre mirar hacia el presente, hacia las nuevas condiciones y normas de vida introducidas en el mundo moderno”.

Jorge Weugel señaló en su biografía del Papa Juan Pablo II que el Santo Padre creía que los dos parágrafos (GS 22 y 23) eran las bisagras teológicas del Vaticano II. Estas afirman que sólo podemos conocernos en profundidad y a través de la felación con Dios en Cristo. El parágrafo 24 trae la consecuencia humanista de esta afirmación cuando dice: “El hombre sólo puede descubrir la verdad de sí mismo en la sincera entrega a los demás”. Por so, la Encíclica Fides et Ratio (FR) 38 afirma: “Cuando se olvida a Dios, la criatura misma se hace ininteligible”. En el párrafo 90 habla también de algunas consecuencias de la amnesia de lo sagrado “que borra del rostro de los hombres y mujeres las marcas de nuestra semejanza con Dios y lleva, poco a poco, a un a destructiva voluntad de poder o a ala soledad sin esperanza”.

La Nueva Evangelización a la cual el Papa nos llama repetidamente busca, por todos los medios posibles, contrarrestar el ateísmo teórico y práctico de nuestro tiempo. Esto es posible mostrando que la fe en Dios y su conocimiento son las únicas que perfeccionan e potencial humano. Si una persona posmoderna quiere saber quién es, necesita saber a quién pertenece, según la famosa frase de san Ireneo “La vida en el hombre es la gloria de Dios; la vida del nombre es la visión de Dios”.