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Publicado por Activado Feb 10, 2015 en Blog, Destacado

El Día feliz de la Primera Comunión

El Día feliz de la Primera Comunión

Debido a la lamentable costumbre de prescindir de las riquezas didácticas de la liturgia en la enseñanza de la catequesis, multitud de católicos engrosan permanentemente las filas de quienes, después de haber recibido los sacramentos de iniciación a la vida cristiana, dicen: “Soy católico, pero no soy practicante”, “voy a misa cuando me nace” o “no le hago mal a nadie”. Es ésto lo que constatamos cada año después de haber celebrado en la parroquia, con mucha pompa y muchos gastos superfluos, el “Día feliz de la Primera Comunión”. ¿Qué clase de iniciación a la vida cristiana fue aquella que, reduciendo la catequesis a unos conceptos sin vida, ceñidos a un libreto rutinario, impidió a los adolescentes descubrir los misterios de la fe en la liturgia, para poner las bases de un proyecto de vida sólido y bien estructurado?

Es lamentable que la enseñanza de la catequesis continúe caminando disociada de la enseñanza litúrgica con los resultados por todos conocidos, de una sociedad sacramentalizada pero no creyente, de una sociedad muy religiosa pero poco o nada cristiana. Muy religiosa, digo, para celebrar el Miércoles de Ceniza, después de un carnaval de desórdenes morales, pero que después, a duras penas, enciende velas a los santos en busca mágica de un favor.

Sin embargo, Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2, 4). Habiendo hablado en muchas ocasiones y de diferentes maneras a nuestros padres por medio de los profetas (Heb 1,1), cuando llegó la plenitud de los tiempos, nos envió a su Hijo, el Verbo hecho carne (SC 5) quien, en la Última Cena nos dijo al instituir la Eucaristía: “Hagan ésto siempre en conmemoración mía”, y lo demás que quiso Dios decirnos en relación con su designio de salvación.

La liturgia es el lenguaje total con el que la Iglesia expresa y celebra la obra salvadora de Dios; es la celebración de la fe afianzada y madurada previamente por la catequesis; es un proceso de vida que conduce al creyente, del signo a lo significado y de lo significado al misterio. La liturgia brinda no sólo conocimientos sobre las verdades de la fe, sino de la espiritualidad de los creyentes y de su participación en la vida de la Iglesia; la liturgia vigoriza la vida cristiana de la comunidad y de sus integrantes en los diversos estados, edades y circunstancias de cada uno. Es innegable que la liturgia es una realidad ligada a la fe y a la vida personal y social de los miembros de la comunidad parroquial.

La catequesis y la liturgia son dos realidades que se exigen mutuamente: lo que la catequesis anuncia y enseña con palabras, la liturgia lo celebra con signos y símbolos que son el lenguaje de Dios en la historia de la salvación. La iniciación cristiana mediante la catequesis y la liturgia, pone la base sólida de la formación cristiana integral; ambas descubren el misterio de Cristo, de su obra redentora y de la vida moral. Siendo la liturgia la “fuente y culmen de la vida cristiana”, es en la celebración de los misterios de la fe, donde se inicia y tiene su plena expresión la iniciativa salvadora de Dios y la respuesta dócil del creyente. La liturgia es punto de partida del camino de la fe que lleva al creyente a saciarse de Cristo con los sacramentos pascuales y a seguir caminando con Él hacia la santidad, mediante una vida dócil a la voluntad del Padre, dando gloria a Dios con sus palabras y sus acciones. Como culmen de la vida cristiana, la liturgia es también punto de llegada de todas las actividades con las que la Iglesia da gloria a Dios.

Si le preguntamos a un católico practicante la razón por la que asiste a la misa los domingos, probablemente nos diría que asiste, no sólo por ser algo muy importante para él, sino porque en la celebración del misterio de la fe encuentra a Cristo presente en su Palabra y en la Eucaristía; en quien preside la asamblea; en quien proclama la Palabra y en quienes, con él celebran comunitariamente, la fe de su bautismo, la misma fe que celebró en su adolescencia “el día feliz de su primera comunión”. Pero si, con este mismo interlocutor reflexionamos un poco más, tendremos ambos que concluir que la razón por la que vamos a misa, es porque Dios nos llama a reunirnos junto a Él, para darle gloria, agradecerle, implorarle ayuda y pedirle perdón. Por eso decimos que la liturgia es la celebración de un pueblo reunido en nombre del Señor que nos hizo hermanos, hijos del mismo Padre, miembros del mismo cuerpo y ramas del mismo árbol.

En nuestra sociedad, en la que hay gente que cree en todo tipo de cosas o simplemente ya no cree en nada, la fe que nos lleva a la iglesia el domingo, mientras el vecino poda el jardín, otro sale de paseo y otro lee el periódico o mira una película, descubrimos el sentido del misterio de Dios escondido en los signos litúrgicos. No es que seamos mejores o peores que los otros, sino que nosotros, por razones que sólo Dios conoce, hemos sido elegidos y llamados por Dios para conocerlo a Él y sus obras, para amarlo sobre todas las cosas y servirlo de todo corazón.

Cuando al término de la celebración nos dicen: “La Misa ha terminado, vayan en paz”, lo que la liturgia nos dice es vaya a construir el Reino de Dios en el hogar, en la calle, en el mundo del trabajo, de la educación, de la política.

Mons. Carlos Sánchez

Director ESPAC