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Publicado por Activado Jun 22, 2018 en Blog

Espiritualidad Cristocéntrica

“A Cristo centro y Señor de la historia, lo conocemos en las Sagradas Escrituras y por ellas en Él creemos, lo vivimos en la Eucaristía, los amamos y servimos en los hermanos, y lo anunciamos en Comunidad.”

Este es el Slogan de nuestra escuela de formación y más que una frase recitada de memoria, es un sentir que brota desde lo profundo de nuestro corazón pues allí se sintetiza el proyecto de vida del evangelizador. ESPAC busca que el catequista crezca continuamente en la espiritualidad del discípulo misionero de Jesucristo, se forme en contacto con la Palabra de Dios en la Lectio Divina, en la celebración asidua de la fe en los sacramentos y en el espíritu de comunión y de participación dentro de su comunidad eclesial.

Conocer, creer, celebrar, amar, servir y anunciar son seis verbos que estructuran la columna vertebral de la espiritualidad de un catequista. Junto con esta espiritualidad, la ESPAC cultiva en sus catequistas una sólida espiritualidad mariana, un amor comprometido con la causa de la evangelización, un espíritu de fiel comunión con los pastores de la Iglesia y una activa participación en las actividades de la parroquia y de la diócesis.

No podemos hablar de cristianismo sin tener un encuentro con la persona de Jesús; el Evangelio (Juan 1, 35-42) nos revela la condición fundamental para la imitación de Él: es el encuentro personal con Cristo. Para poder y querer seguirle a Cristo tenemos que conocerlo a Él, mirando su vida, escuchando sus enseñanzas. Si desconocemos su generosidad, su entrega desinteresada, su amor desbordante hacia nosotros nunca vamos a tener ganas de seguirle verdaderamente.

Cuando hay un encuentro real y personal con Jesucristo, no hay nada que uno no pueda ver en su vida y espontáneamente le nace decir: “He fallado a Dios muchas veces.” Cuando miras la luz que resplandece, puedes ver las sombras de tu vida. Algo característico que sucede cuando una persona tiene este encuentro con el Señor es un verdadero cambio de vida, porque se ve a sí mismo y piensa: “No merezco tanto amor de Dios, porque soy un pecador.”

Es un encuentro transformador por eso los discípulos, después de haber encontrado al Señor, se quedan con Él. ¿Quién de nosotros dedicó ya un día o algunas horas a Él, para leer su Palabra, para orar, para conocer y meditar su vida, para quedarse en compañía suya? El discípulo que decide seguir a Cristo se confía a Él para siempre. Se compromete con Él sin garantías, y sigue hacia lo nuevo, es decir salir de sí mismo para entrar en comunión de ideales, de principios y de vida con Él.

Pero, Cristo nunca oculta que seguirle es duro, que cuesta. No ofrece seguridad, sino riesgo. No ofrece riquezas, sino desprendimiento y renuncia. No nos ofrece caminos de triunfo, sino el fracaso de la cruz. Porque quien le sigue, acepta también la suerte del Maestro: sufrimiento, cruz, sacrificio, pruebas, persecuciones muerte. Seguir a Cristo es penetrar en el camino del amor. Cristo no buscó el dolor, sino el amor. Pero quien comienza a amar, comienza a sufrir pero al ser el camino del amor nos colma también de alegría y de paz interiores. Y al fin de este camino nos espera el gozo y la felicidad de Cristo para siempre.

Nuestro objetivo como catequistas es llevar a nuestros hermanos catequizandos al encuentro con Jesús de Nazaret, el hijo del carpintero que nació en un humilde pesebre del Belén de Judá, que vivió y creció en un lugar geográfico especifico con unas condiciones socio políticas y económicas difíciles pero que es al mismo tiempo es el Mesías anunciado desde el comienzo de los tiempos, es el liberador no político ni militar sino espiritual, el Hijo amado de Dios, el Verbo encarnado que vino a anunciar el Reino de Dios, el rostro visible de un Dios Invisible.

Es muy importante tener una visión clara y lo más completa posible de la Persona del Maestro, porque para nosotros pequeños mortales no es fácil comprenderlo todo; solo con el Don de sabiduría del Espíritu Santo podremos tener un buen nivel de comprensión.

Fruto de la experiencia como Animador de Catequesis de la Vicaria Episcopal de San Pedro por varios años y del encuentro con los catequistas parroquiales surgió la preocupación acerca de la imagen de Jesús tenían los catequistas y a su vez cual imagen estaban transmitiendo; entonces se presentó al Señor Vicario Episcopal un proyecto para hablar de Cristología a los animadores parroquiales especialmente a los catequistas y se organizaron unos encuentros por arciprestazgos.

Se tomó como texto base el Libro con el cual el profesor de Cristología nos formó en la escuela diaconal, es un texto de Antonio Rivero sobre Cristología entre otros textos consultados y cuyas presentaciones se irán compartiendo semanalmente en nuestra página web, con el ánimo de contribuir en la formación permanente de los catequistas especialmente los ESPAC.

Dp Henry Castañeda Naranjo