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Publicado por Activado Feb 17, 2015 en Destacado, Noticias

Hablando de Iniciación Cristiana

Hablando de Iniciación Cristiana

¿Cómo asumirla?

PREGUNTAS para quienes inician la primera etapa del proceso ESPAC

  • ¿Por qué la catequesis tradicional de nuestras parroquias no logra cambiar la manera de pensar y de ser de las personas?
  • ¿Nuestras catequesis, incluida la de los niños, responden verdaderamente a la inspiración catecumenal que debe tener toda catequesis?
  • ¿Qué hacer, para incorporar a los procesos catequísticos de nuestras parroquias, el primer anuncio y la llamada a la conversión?
  • ¿Creemos necesario adoptar cambios en nuestra catequesis tradicional para llegar a las personas alejadas, o continuamos empeñados en seguir haciendo lo mismo de siempre?
  • ¿Estamos convencidos de la necesidad de un proceso de iniciación cristiana para los niños, para las personas no suficientemente iniciadas que quieren fortalecer su vida cristiana y para los alejados?

La ESPAC les responde:

No se trata de someter a los que ya han sido iniciados o a los que han de ser iniciados, a un proceso con uniforme; cuando sea necesario, habrá que hacer adaptaciones por el bien de las personas que se inician a la vida cristiana, según sean las circunstancias personales y de lugar. Pero dichas adaptaciones no pueden tener como fin, simplemente, acortar los procesos para que sean muchos los que reciban los sacramentos o darles gusto a los que quieren una preparación a su antojo. Obrando con estos criterios, la experiencia nos dice lo que al final van a encontrar a las personas tal como si nada hubieran hecho.

Como nos dice el papa Francisco en Evangelii Gaudium, tenemos que estar dispuestos a proponer procesos y saber acompañarlos, por largos y duros que sean, con paciencia y con aguante apostólico (EG 24). Se trata de procesos cuyos resultados no hay que esperar de inmediato, sino a largo plazo (EG 69); procesos que exigen esfuerzo y que en determinados momentos pueden hacerse cuesta arriba (EG 82); procesos que debemos saber acompañar con creatividad y mucha prudencia, con capacidad de comprensión y sabiendo esperar, dóciles al Espíritu Santo, por respeto a las personas que se nos confían. Para lograrlo, «es necesario ejercitamos en el arte de escuchar, que es más que oír»; la escucha nos «ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna», es el mejor modo para «encontrar los caminos de un genuino crecimiento» (EG 171).

Aunque todas las etapas del proceso catecumenal son necesarias y muy importantes, hay que destacar la primera: la etapa del primer anuncio y de la conversión inicial que son el punto de partida de todo el proceso.

Si queremos que el proceso catequístico tenga buenos cimientos, tenemos que comenzar por un primer anuncio, o sea, una propuesta clara de la necesidad de encontrarse con Jesucristo de manera que, como lo dijo el papa Benedicto, muestre a quien se inicia un horizonte, una orientación decisiva para la vida (Deus caritas est 1). Es necesaria la conversión inicial, el deseo de conocer a Jesús, de tratar con Él y de seguirlo de cerca; de pensar como Él pensaba, de relacionarse con Dios y con los demás como Él lo hacía, vivir como Él vivió. Es necesario, además, un decidido propósito de incorporarse al grupo de los discípulos de Jesús para crecer con ellos como Iglesia que es sacramento universal de salvación.

Para este primer paso, llamado también Kerigma, no hay que utilizar estrategias con garantías de éxito inmediato. Es el Espíritu Santo quien hace que la semilla de la Palabra sembrada en el corazón, germine y crezca en el momento señalado por Dios. Pero este primer paso hay que darlo: hay que dar testimonio de Jesucristo con la palabra y con la vida, personal y comunitariamente, de modo que, cuantos se dejen iluminar por la gracia de Dios, que siempre nos antecede y nos acompaña, quieran libremente responder a la llamada y se pongan en camino.

Todo ésto requiere que el acompañante del proceso salga al encuentro de quien busca al Señor, que con delicadeza y con paciencia lo busque, que lo escuche, que comprenda sus inquietudes y sus anhelos más profundos, que hable con su lenguaje y que sea capaz de ofrecerle una palabra que le suene a Evangelio, a buena noticia de salvación. El «primer anuncio» es primero porque es el principal durante todo el proceso, el que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras, el que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra, a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos» (EG 164).

Con el primer anuncio comienza el proceso propiamente catequístico, es decir, el tiempo en que la persona va siendo iniciada progresiva y gradualmente en la fe asumida, profesada, celebrada en la liturgia, vivida en la oración y en la espiritualidad cristiana, de modo que vaya conformando su persona con su modelo que es Cristo, adquiriendo la manera de pensar de Jesús (DGC 65- 68), pero sostenido por el ejemplo y la ayuda de la comunidad cristiana que es como el seno materno donde se gestan y crecen los nuevos hijos de la Iglesia (DGC 253-254).

Si la etapa catecumenal, o propiamente catequística del proceso, no va precedida por el precatecumenado, difícilmente nuestras catequesis serán evangelizadoras; difícilmente van a servir a aquellos que nos llegan a diario en cero o en negativo. ¿Esto te preocupa?…

No podemos seguir ofreciendo y haciendo procesos catequéticos a personas, incluso a niños, que no han recibido el primer anuncio y que no han dado ese primer paso de querer seguir a Jesús como discípulos. Cuando actuamos así, corremos el riesgo de estar edificando sobre arena o sobre cimientos poco estables, con el riesgo de que cualquier viento contrario eche todo por tierra.

Esta primera etapa no consiste en proponer unos cuantos temas, tenemos que abrir nuestra imaginación apostólica y abandonar nuestros esquemas y estructuras, para salir al encuentro de nuestros catecúmenos y catequizandos, con las maneras con las que Jesús llamó a sus primeros discípulos. Urge, primero, conocerlos bien y ser capaces de ponerlos en relación con la persona de Jesús y con su Evangelio, porque es necesario que se sientan dispuestos a incorporarse a la comunidad cristiana, a la Iglesia que, en nombre de Jesús les anuncia la Buena Noticia de la salvación y les muestra el camino que Jesucristo les señala.

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