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Orígenes de la ESPAC

 

Dentro del contexto antes descrito y con la naciente metodología de educación a distancia, las religiosas salesianas del Centro Diocesano de Catequesis de Neiva, a petición del Señor Obispo, Monseñor Rafael Sarmiento Peralta, diseñaron un programa de formación de catequistas a distancia y lo llamaron Escuela Parroquial de Catequistas (ESPAC). Las Hermanas Leonor Castelblanco, Judith Arboleda, Carmenza González y Beatriz Gracía fueron autoras muy destacadas en este esfuerzo que continuó funcionando limitadamente en parroquias de la Diócesis de Neiva hasta languidecer sin mayores resultados.

Simultáneamente Monseñor Carlos Sánchez Torres desempeñó entre los años 1971 y 1995 el oficio de Vicario Episcopal en la Zona Pastoral Episcopal de la Sagrada Eucaristía de la Arquidiócesis de Bogotá, integrada inicialmente por 25 parroquias y al término de su gestión, en 1995, por 73 y con una población cercana a los dos millones de católicos. Puesto que la Arquidiócesis de Bogotá no contaba con ningún programa estructurado para la formación de laicos y menos para la formación de catequistas, el Vicario Episcopal, urgido por la necesidad de dotar las parroquias de agentes de pastoral para la catequesis y habida cuenta, además, del abandono de la catequesis en las escuelas oficiales, de acuerdo con su Consejo Vicarial y los señores párrocos, en 1975, durante el gobierno pastoral del Cardenal Aníbal Muñoz Duque, estableció y, con un grupo de religiosas y laicos, dirigió una escuela presencial para la formación de catequistas. Formado en catequesis en el Instituto Católico de París, no estaba haciendo nada diferente de lo que allí vio y de lo que aquí otros estaban haciendo.

Durante seis años funcionó esta experiencia con una metodología de clases magistrales y de prácticas de docencia. Sus logros fueron buenos en lo referente a la formación de apóstoles laicos, pero muy deficientes en lo relativo a la inserción del catequista en su comunidad, en la perseverancia y en su proyección apostólica. Se cumplía aquí lo dicho anteriormente: la formación de catequistas para las parroquias hecha sin la inmediata participación de los párrocos, sin una bien definida integración entre párroco y catequista, no puede favorecer el trabajo en equipo ni la promoción de la comunidad cristiana. Esta experiencia lo mismo que otras semejantes estaba llamada a desaparecer. La carencia de mejores resultados obligó al Vicario Episcopal, muy a su pesar, a clausurar 1983 la escuela que con tanto esfuerzo y con la colaboración de tantos abnegados sacerdotes y religiosas había iniciado ocho años antes.

Pero las necesidades pastorales eran cada día más apremiantes, la carencia de catequistas en las parroquias era de todos conocida y los efectos de esta carencia eran manifiestos. Veía, además, Monseñor Carlos Sánchez, que los diferentes programas de pastoral que, como Vicario Episcopal, debía impulsar en las parroquias tenían aspectos muy afines en cuento a la formación doctrinal y espiritual de sus agentes lo cual implicaba dispersión de esfuerzos, de tiempo y de recursos. Pensó, entonces idear un mecanismo sencillo y eficaz, una especie de “varita mágica”, que sirviera de instrumento y ayuda a los párrocos para dar respuesta a los programas de formación de catequistas, de pastoral juvenil, de pastoral vocacional y de formación de laicos. Un programa sencillo y didáctico que formara apóstoles laicos conocedores del contenido fundamental de la fe católica, con una metodología inductiva y participtiva, sin las características de la escuela activa y de trabajo grupal, con una espiritualidad de comunión y participación, con gran capacidad de liderazgo y de compromiso en las actividades eclesiales; con un marcado espíritu misionero y de comunión con su párroco, con su comunidad parroquial, con su obispo y con su diócesis, a la vez que plenamente inserto en la cultura de su entorno.

Aparecieron, en 1987, las religiosas salesianas del Noviciado de Bogotá, ofreciendo al Vicario Episcopal su experiencia de ESPAC en la diócesis de Neiva. Estudiado el Programa, Monseñor Sánchez encontró en él, mucho de cuanto soñaba referente a la metodología y creyó que con este ofrecimiento había encontrado la respuesta adecuada a sus anhelos. A partir de entonces, en asocio con las mismas religiosas salesianas se adoptó la ESPAC, ad experimentum, en dos parroquias de la Vicaría de la Sagrada Eucaristía: en San Wenseslao y en Todos los Santos cuyos párrocos, los padres Frencisco Lizarazo y Rogelio Ruiz respectivamente, se ofrecieron para experimentar el Programa.

Pero por cuanto el Programa de Neiva, válido en su metodología, no se ajustaba a las necesidades pastorales de las parroquias de la ciudad en su contenido doctrinal, personalmente Monseñor Carlos Sánchez se dio a la ardua tarea de redactarlo, en su totalidad, de conformidad con lo dispuesto en el Directorio General para la Catequesis, los documentos del Concilio Vaticano II, Catechesi Tradendae, Evangelii Nunctiandi, Redemptoris Missio y otros documentos recientes del Magisterio de la Iglesia. Aún no se había editado el Catecismo de la Iglesia Católica. Para hacer esta reforma en el Programa ESPAC, Monseñor Sánchez obtuvo licencia del Señor Obispo de Neiva, Mns. Hernando Rojas Ramírez.

Un año después de iniciada la experiencia en las parroquias piloto de San Wenseslao y de Todos los Santos, los resultados fueron sorprendentes: los 85 alumnos inscritos, en su mayoría jóvenes, junto a sus párrocos, proseguían su formación y realizaban trabajos pastorales con ejemplar compromiso y relativa eficacia. Entonces el Vicario Episcopal, consultado el Arzobispo Cardenal Mario Revollo Bravo, consideró oportuno lanzar esta experiencia como un programa oficial de la Vicaría para todas las parroquias. El consejo Vicarial lo adoptó dentro del Plan Pastoral de la Vicaría, pero dejó, todavía, en libertad a los párrocos que no quisieran adoptarlo. De los 54 párrocos de entonces, veintidós dijeron SI y lo acogieron con toda seriedad. 420 alumnos matriculados al comenzar 1988 hacían pensar en grande.

¿Cómo atender debidamente a la marcha de un programa que se insinuaba con brillantes perspectivas apostólicas? Fue necesario comenzar por diseñar lo que pretendíamos estableciendo objetivos, estructuras, contenidos, sistema de evaluación y funciones muy precisas dentro de los criterios vigentes de pastoral orgánica en la Vicaría; criterios de formación espiritual y pastoral, actividades, funciones y cronogramas, en fin, todo lo necesario para responder a un reto tan difícil. Así, un equipo de 22 párrocos, con su Vicario episcopal, pusieron los cimientos y construyeron la estructura que habría de soportar tan bello edificio.

La doctora Stella Betancourt, psicóloga y experta en programas universitarios de formación a distancia, se situaría en la Dirección Académica como Delegada del Vicario Episcopal, 22 coordinadores de grupos de catequistas irían, con ella, haciendo camino en el conocimiento y ejecución del Programa. Nuevos colaboradores fue necesario vincular a la Secretaría (Jorge Israel Gómez hoy sacerdote domínico y Constanza Rojas) y al Consejo Académico (la catequista Mónica Lorenzo y la maestra Himelda de Carvajal).

Con la aprobación, en 1987 del señor Cardenal Mario Revollo Bravo, Arzobispo de Bogotá, la Escuela Parroquial de Catequistas (ESPAC) prosiguió sus tareas como un programa propio de la Vicaria Episcopal. Así fue tomando cuerpo una organización bien estructurada para el servicio de la pastoral catequística en las parroquias.