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Publicado por Activado Mar 21, 2018 en Blog, Destacado

Jóvenes: “Hablen con coraje” y “escuchen con humildad”

Jóvenes: “Hablen con coraje” y “escuchen con humildad”

“Hablen con coraje” y “escuchen con humildad”: esta es la regla que el Papa Francisco propone a los jóvenes participantes en la asamblea plenaria de la reunión preparatoria para el Sínodo de los obispos sobre la juventud, para estimular y enmarcar el diálogo con y entre ellos.

“Yo les exhorto, por favor: sean valientes estos días, cuenten todo lo que les viene a la mente; y si te engañas a ti mismo, otro te corregirá. ¡Pero adelante, valientemente! El Papa recordó una vez más que “en tiempos difíciles, el Señor hace avanzar la historia con los jóvenes”.

La Asamblea Plenaria de la reunión pre-sinodal en preparación para la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos se abrió en presencia del Papa Francisco el lunes 19 de marzo de 2018 en el Colegio Pontificio Internacional María Mater Ecclesia. El trabajo finalizará el sábado, 24 de marzo.

El Papa se dirigió a los jóvenes participantes después de las palabras de saludo del Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos. “Están invitados porque su aporte es indispensable”, les dijo.

“Esta es la certeza fundamental”, dijo el Papa, “Dios ama a cada uno, y dirige a cada uno personalmente una llamada. Es un don que, cuando se descubre, llena de alegría. Estad seguros: Dios confía en vosotros, y os ama y os llama. Y, por su parte, no disminuirá, porque es fiel y realmente cree en vosotros”.

El Papa también dijo que “en la Iglesia también debemos aprender nuevas formas de presencia y proximidad” y continuó: “El amor es cercanía. Y ellos, los jóvenes de hoy, piden cercanía a la Iglesia”.

Palabras del Papa antes de la oración

Ahora, que cada uno según su propia creencia, con sus dudas, con lo que tiene en su corazón, piense en Dios, piense en su necesidad de Dios, piense en la duda que tiene (si Dios existe …), piense en su propia conciencia y pida la bendición y la bondad sobre todos nosotros. Amén.

Discurso del Papa Francisco

¡Queridos jóvenes, buenos días!

¡Saludo a todos los 15.340! Esperemos que mañana sean más en nuestra conversación para dejar salir lo que cada uno de ustedes y de nosotros tiene en el corazón. Hablar con coraje. Sin vergüenza. Aquí la vergüenza se deja detrás de la puerta. Se habla con coraje: lo que siento lo digo y si alguien se siente ofendido, pido perdón y sigo adelante. Ustedes saben hablar así. Pero es necesario escuchar con humildad. Si habla el que no me gusta, tengo que escucharlo más, porque cada uno tiene el derecho de ser escuchado, así como cada uno tiene el derecho de hablar.

Gracias por haber aceptado la invitación a venir aquí. Algunos de ustedes han tenido que hacer un largo viaje. Otros, en lugar de ir a dormir – porque donde ellos  ya es la hora de ir a dormir – están conectados con ustedes, pasarán la noche escuchando. Vienen de muchas partes del mundo y traen con ustedes una gran variedad de pueblos, culturas y religiones también: no todos son católicos y cristianos, ni siquiera todos creyentes, pero seguramente todos están animados por el deseo de dar lo mejor de ustedes y yo no tengo dudas sobre esto. También saludo a los que se conectarán, y a los que ya lo han hecho: ¡gracias por su contribución!

Quiero agradecer en particular a la Secretaría del Sínodo, al Cardenal Secretario, al Arzobispo Secretario y todos, todos los que trabajan en la Secretaría del Sínodo. Han trabajado duro por esto y han tenido una capacidad de inventar cosas y una creatividad muy grandes. Muchas gracias, Cardenal Baldisseri, y a todos sus colaboradores.

Están invitados porque su contribución es indispensable. Los necesitamos para preparar el Sínodo que en octubre reunirá a los obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. En muchos momentos de la historia de la Iglesia, así como en muchos episodios bíblicos, Dios quiso hablar por medio de los más jóvenes: pienso, por ejemplo, en Samuel, David y en Daniel. Me gusta mucho la historia de Samuel, cuando oye a la voz de Dios. La Biblia dice: “En aquellos días no había la costumbre de escuchar la voz de Dios. Era una población desorientada”. Fue un joven que abrió esa puerta. En los momentos difíciles, el Señor deja seguir adelante la historia con los jóvenes. Dicen la verdad, no tiene vergüenza. No digo que son “desvergonzados” sino que no tienen vergüenza y dicen la verdad. Y David cuando era joven comienza con ese coraje. También con sus pecados. Es interesante, todos estos no nacieron santos, no nacieron justos, modelos para otros. Son todos hombre y mujeres pecadores y pecadoras, pero que sintieron el deseo de hacer algo bueno, Dios los empujó y siguieron adelante. Y esto es precioso. Nosotros podemos pensar: “Estas cosas son para las personas justas, para los curas y para las monjas”. No, son para todos. Y para ustedes jóvenes más, porque tienen mucha fuerza para decir las cosas, para escuchar las cosas, para reír, y para llorar. Nosotros, los adultos, muchas veces hemos perdido la capacidad de llorar, nos hemos acostumbrado: “El mundo es así…que se conformen”. Y seguimos adelante. Por esta razón os exhorto, por favor: sean valientes estos días, digan todo lo que os sale; y si te equivocas, otro te corregirá. ¡Adelante, con coraje!

1. A menudo se habla de jóvenes sin interpelarlos. Cuando alguien quiere hacer una campaña o algo, ¡alabanza a los jóvenes!, ¿no es así?, pero no permite que los jóvenes lo interpelen. Alabar es una manera de complacer a la gente. Pero la gente no es estúpida o tonta, no lo es. La gente entiende. Solo los tontos no entienden. En español hay un refrán genial “Alaba al tonto y lo verás trabajar”. Dale una palmadita en el hombro y  estará contento, porque es tonto, no se da cuenta. ¡Pero vosotros no sois tontos! También los mejores análisis sobre el mundo juvenil, aunque sean útiles – son útiles- no sustituyen la necesidad de un encuentro cara a cara. Hablan de la juventud de hoy. Por curiosidad buscad en cuantos artículos, en cuantas conferencias se habla de la juventud de hoy. Querría decirles una cosa: ¡la juventud no existe! Existen los jóvenes, las historias, los rostros, las miradas, las ilusiones. Existen los jóvenes. Hablar de la juventud es fácil. Se hacen unas abstracciones, unas porcentuales… No. Tu cara, tu corazón, ¿qué dicen? Hablar, escuchar a los jóvenes. Algunas veces, evidentemente, ustedes los jóvenes no son el premio Nobel de la prudencia. No. Algunas veces hablan “a la brava”. La vida es así, pero hay que escucharlos.

Alguien piensa que sería más fácil manteneros “a distancia de seguridad”, para que ustedes no lo puedan provocar. Pero intercambiarse algunos mensajitos o compartir fotos simpáticas no es suficiente. ¡A los jóvenes hay que tomarlos en serio! Me parece que estamos rodeados por una cultura que, si por una parte idolatra la juventud tratando de no dejar que pase, por la otra excluye a los jóvenes como protagonistas. Es la filosofía del maquillaje. Las personas crecen e intentan maquillarse para parecer más jóvenes, pero el maquillaje no los deja crecer. Esto es muy común. ¿Por qué? Porque no se interpelan. Es importante. Muchas veces son marginados por la vida pública y les toca a mendigar ocupaciones que no les garantizan un futuro. No sé si esto pasa en todos sus países, pero en muchos… Si no me equivoco, la tasa de desempleo juvenil aquí en Italia desde los 25 años en adelante es alrededor del 35%. En otro país de Europa, fronterizo de Italia, 47%. En otro país europeo cerca de Italia, más de un 50%. ¿Qué hace un joven que no encuentra trabajo? Se enferma – la depresión-, cae en adicciones, se suicida- dan que pensar: las estadísticas de suicidio juvenil: todas están amañadas, todas. Se rebela,  – pero es una manera de suicidarse- o toma el avión y se va a una ciudad que no quiero nombrar y se enrola en el Isis o en uno de estos movimientos guerrilleros. Por lo menos tiene un sentido por que vivir y tendrá un salario mensual. ¡Y este es un pecado social! La sociedad es responsable de esto. Pero yo querría que fueran ustedes los que dijeran las causas, las razones, y no digan “Tampoco yo sé el por qué”. ¿Cómo viven ustedes este drama? Nos ayudaría mucho. Demasiadas veces los dejan solos. Pero la verdad es también el hecho de que ustedes son constructores de cultura, con su estilo y su originalidad. Es un alejamiento relativo, porque ustedes son capaces de construir una cultura que a lo mejor no se ve, pero sigue adelante. Este es un espacio que nosotros queremos para sentir su cultura, la que ustedes están construyendo.

En la Iglesia – estoy convencido- no tiene que ser así: cerrar la puerta, no escuchar. El Evangelio nos lo pide: su mensaje de cercanía invita a encontrarnos y confrontarnos, a acogernos y amarnos en serio, a caminar juntos y a compartir sin miedo. Y esta reunión pre-sinodal quiere ser señal de algo grande: la voluntad de la Iglesia de ponerse en escucha de todos los jóvenes, sin excepciones. Y esto no para hacer política. No para una artificial “joven-filia”, no, sino porque tenemos la necesidad de entender mejor lo que Dios y la historia nos están pidiendo. Si faltan ustedes, nos falta una parte del acceso a Dios.

2. El próximo Sínodo se propone, en particular, desarrollar las condiciones para que los jóvenes sean acompañados con pasión y competencia en el discernimiento vocacional, o sea en “reconocer y acoger la llamada al amor y a la vida en plenitud” (Documento preparatorio, Introducción). Todos nosotros tenemos esta llamada. Ustedes, en la fase inicial, son jóvenes. Esta es la certeza de fondo: Dios ama cada uno y a cada uno dirige personalmente una llamada. Es un don que, cuando se descubre, llena de alegría (cfr Mt 13, 44-46). Estén seguros: Dios confía en Ustedes, los ama y los llama. Y por su parte no incumplirá, porque es fiel y cree realmente en ustedes. Dios es fiel. A los creyentes digo “Dios es fiel”. Os dirige la pregunta que un día hizo a los primeros discípulos “¿Qué buscais?” (Jn 1, 38). También yo, en este momento, les dirijo la pregunta, a cada uno de ustedes: “¿Qué buscas? Tú, ¿qué buscas en tu vida?”. Dilo, nos vendrá bien escucharlo. Dilo. Esto es lo que necesitamos: escuchar su camino en la vida. ¿qué buscas? Los invita a compartir la búsqueda de la vida con Él, a caminar juntos. Y nosotros, deseamos hacer lo mismo, porque no podemos compartir con entusiasmo la búsqueda de la verdadera alegría de cada uno; y no podemos guardarnos a Quien nos cambió la vida: Jesús. Los de su edad y sus amigos, también sin saberlo, esperan también una llamada de salvación.

3. El próximo Sínodo también será una llamada dirigida a la Iglesia, para que redescubran un renovado dinamismo juvenil. He podido leer algunos correos del cuestionarios subidos a la red por la Secretaría del Sínodo y me llamó la atención la llamada lanzada por algunos jóvenes que piden a los adultos que estén cerca de ellos y los ayuden en las decisiones importantes. Una chica observó que a los jóvenes les faltan puntos de referencia y que nadie los anima a utilizar los medios que tienen. Además, junto a los aspectos positivos del mundo juvenil, subrayan los peligros, entre ellos el alcohol, la droga, una sexualidad vivida de manera consumista. Son dependencias, ¿no? No sé si el mundo juvenil vaya siempre desmoronándose más, no lo sé.  Pero siento que el grito de esta chica es sincero y requiere atención. Ustedes tienen que contestar a esta chica, hablar con ella. Es una de ustedes y tenemos que ver donde nos lleva esta “bofetada” que nos da- .También en la Iglesia tenemos que aprender nuevas formas de presencia y de cercanía. Es muy importante. Se me ocurre cuando Moisés quiere decir al Pueblo de Dios cual es el núcleo del amor de Dios. Y dice “Pensad: ¿Cuál es el pueblo que tuvo un Dios tan cercano?” El amor es cercanía. Y ellos, los jóvenes de hoy piden a la Iglesia cercanía. Ustedes, los cristianos, ustedes que creen en la cercanía de Cristo, ustedes, los católicos, quédense cerca, no lejos. Y ustedes saben que hay muchas, muchas maneras de alejarse. Eduquen a todos, con guantes blancos, pero tomando distancia para no mancharse las manos. Los jóvenes, hoy, nos piden cercanía: a los católicos, a los cristianos, a los creyentes y a los no creyentes. A todos. Y al respecto un joven contó con entusiasmo su participación en algunos encuentros con estas palabras. Dice “ Lo  más importante fue la presencia de religiosos entre nosotros, los jóvenes, como amigos que nos escuchan, nos conocen, nos aconsejan”. Hombres y mujeres consagrados que están cerca. Escuchan, conocen y aconsejan a los que piden consejos. Yo conozco algunos de ustedes que hacen esto.

Me viene a la mente el maravilloso Mensaje a los jóvenes del Concilio Vaticano II. Aún hoy es un estímulo a luchar contra todo egoísmo y a construir con coraje un mundo mejor. Es una invitación a buscar nuevos caminos y a recorrerlos con audacia y confianza, a mantener los ojos fijos sobre Jesús y abriéndose al Espíritu Santo, para rejuvenecer el rostro mismo de la Iglesia. Porque es en Jesús y en Espíritu Santo que la Iglesia siempre encuentra la fuerza de renovarse, cumpliendo una revisión de vida sobre su manera de ser, pidiendo perdón por sus fragilidades y su ser inadecuada, sin ahorrar energías para ponerse al servicio de todos, con la única intención de ser fiel a la misión que el Señor le encomendó: vivir y anunciar el Evangelio.

4. Queridos jóvenes, el corazón de la Iglesia es joven precisamente porque el Evangelio es como una linfa vital que la regenera continuamente. Somos nosotros los que tenemos que ser dóciles y cooperar con esta fecundidad. Y todos vosotros podéis colaborar a esta fecundidad: aunque sean cristianos católicos, o de otras religiones o no creyentes. Os pedimos que colaboréis a nuestra fecundidad, a dar vida. Lo hacemos también en este camino sinodal, pensando en las realidades de los jóvenes de todo el mundo. Tenemos que recuperar el entusiasmo de la fe y del placer de la búsqueda. Tenemos que encontrar en el Señor la fuerza de levantarse de los fracasos, de seguir adelante, de reforzar la confianza en el futuro. Y tenemos que atrevernos a nuevos caminos. No tengan miedo: atrevernos a caminos nuevos, aunque pueda tener riesgos. Un hombre, una mujer que no arriesga, no madura. Una institución que toma decisiones para no arriesgar, se queda pequeña, no crece. Arriesgad, acompañados por la prudencia, por el consejo, pero seguid adelante. ¿Saben lo que le pasa a un joven que no arriesga? ¡Envejece! ¡Se jubila con 20 años! Un joven envejece y también la Iglesia envejece. Lo digo con dolor. Cuántas veces encuentro comunidades cristianas, aunque jóvenes, pero viejas. Han envejecido porque tenían miedo. Miedo ¿de qué? De salir, de salir hacia las periferias existenciales de la vida, de ir allá donde se juega el futuro. Una cosa es la prudencia, que es una virtud, otra cosa es el miedo.

Los necesitamos, jóvenes, piedras vivas de un Iglesia con rostro joven, pero no maquillado, como he dicho: no rejuvenecido artificialmente, sino reavivado desde el interior. Y ustedes nos provocan a salir de la lógica de “pero siempre se ha hecho así”. Por favor, esa lógica es un veneno. Es un veneno dulce, porque te tranquiliza el alma y te deja como anestesiado, sin dejarte caminar. Salir de la lógica del “siempre se ha hecho así”, para quedarse de una forma creativa en el surco de la auténtica tradición cristiana, pero creativa. Yo, a los cristianos, les recomiendo leer el Libro de los Hechos de los Apóstoles: la creatividad de esos hombre. Esos hombres sabían seguir adelante con una creatividad que si lo traducimos a lo que significa hoy, ¡nos asusta! Ustedes crean una cultura nueva, pero cuidado: esta cultura no puede ser “desenraizada”.

Un paso adelante pero ¡mira las raíces! No vuelvas a las raíces, porque acabara enterrado: da un paso adelante, pero siempre con las raíces. Y las raíces- esto, perdón, lo llevo en el corazón- son lo viejos, los buenos viejos. Las raíces son los abuelos. Las raíces son los que han vivido la vida y a quienes esta cultura del descarte, descarta, no le hace falta, los echa. Los viejos tienen este carisma de llevar las raíces. Hablen con los viejos. “Pero ¿qué diré?”. ¡Inténtalo” Me acuerdo que en Buenos Aires, una vez, hablando con los jóvenes, dije “ ¿Por que no os vais en una casa de retiro a tocar la guitarra para los ancianos que están alli?” – “Pero, Padre…”- “Id, una horita solamente”. [Se quedaron] ¡durante más de dos horas! No querían salir, porque los viejos estaban así  [adormilados], escucharon la guitarra y se despertaron y empezaron [a hablar] y los jóvenes oyeron cosas que les afectaban. Tomaron  esta sabiduría y siguieron adelante. Esto el profeta Joel lo dice muy bien, muy bien. En el tercer capitulo. Para mí, esta es la profecía de hoy: “Vuestros ancianos soñarán y vuestros jóvenes profetizarán” (Joel 3, 1). Léanlo, les  vendrá bien. Nosotros necesitamos jóvenes profetas, pero tengan cuidado: nunca serán profetas si no toman los sueños de los viejos. Es más: si no van a hacer soñar a un viejo que está allí aburrido porque nadie lo escucha. Hagan soñar a los viejos y estos sueños los ayudaran a seguir adelante. Déjense interpelar por ellos.

Para sintonizarnos sobre la longitud de onda de las jóvenes generaciones es de mucha ayuda un dialogo intenso. Los invito, pues, en esta semana, a expresarse con sinceridad y en completa libertad, lo dije y lo repito. Con “cara dura”. Son los protagonistas y es importante que hablen abiertamente. “Pero me da vergüenza, me escuchará el cardenal…” Que oiga, esta acostumbrado. Les aseguro que su contribución será tomada en serio. Ya desde este momento les digo gracias; y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mi. Y los que no pueden rezar, porque no saben rezar, por lo menos que piensen en mí. Gracias.

ZENIT – 20 marzo 2018