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Metodología del proceso ESPAC

 

Ver.

Se trata de un ver personal y grupal sobre el contorno y el entorno del catequista y de los catequizandos. Esto lo realiza cada catequista a través de la investigación de un hecho de la vida real.

Esta actividad es imprescindible en cada Encuentro del proceso formativo. Los datos positivos y negativos obtenidos en la investigación individual y consignados en el cuaderno de investogaciones, la experiencia de la Lectio Divina y el contenido doctrinal de cada Encuentro son sometidos a deliberación en grupo para de ahí adoptar un compromiso colectivo de acción.

Juzgar.

Iluminados por la Lectio Divina y confrontado el hecho, objeto de la investigación, con el marco doctrinal de la Reflexión sobre el tema, los catequistas están en capacidad de juzgar la realidad con criterios bíblico-catequísticos.

Actuar.

Los pasos anteriores de ver y juzgar, conducen a cada catequista y al grupo a tomar posiciones y a emprender las acciones más adecuadas.

Evaluar.

Avanzar dentro del proceso ESPAC y lograr sus objetivos exige una evaluación permanente que refleje el nivel de formación alcanzado por cada catequista y por el grupo en cada momento del proceso. La evaluación debe reflejar el resultado de los aprendizajes, de las calidades humanas, espirituales y pastorales logrados en cada Módulo, en cada Encuentro y en cada Etapa del Proceso. La ESPAC ha adoptado un sistema de evaluación cualitativa a partir de los itinerarios señalados para cada Encuentro, que abarcan los aspectos cognitivo, volitivo-afectivo, operativo y celebrativo.

La constatación de los logros obtenidos en cada Encuentro por cada catequista y por el grupo, se hace mediante una revisión y un consenso grupal a partir de los itinerarios, guiados por el Evaluador. La apreciación final deberá reflejar los aspectos positivos y las deficiencies dentro del proceso de aprendizaje de los contenidos y del crecimiento en la espiritualidad y en el compromiso apostólico de cada uno y del grupo. Por lo tanto, la evaluación no es el resultado de una única instancia numérica, sino de la ponderación individual y grupal de todas las evidencias constatadas en forma continua, veraz y cordial, en cada Encuentro y durante la totalidad del proceso de formación. La evaluación se realiza en tres instancias:

1. La coevaluación.

Es la revisión mutua del proceso que hacen los integrantes del grupo dentro de un clima de aceptación, humildad y ayuda mutuas, poniendo al servicio del grupo las capacidades de cada uno expresadas en el ejercicio de los liderazgos, los logros y las deficiencias en lo cognitivo y participativo para superarlas con la ayuda de todos; es un momento de mutuo aprendizaje y de valoración de lo esencial, de superación del grupo y de ayuda interpersonal.

 

2. La autoevaluación.

La autoevaluación es la revision personal que cada catequista hace de sí mismo, frente a Dios y su conciencia, a partir de los itinerarios propuestos para cada Encuentro. Es este un aspecto muy importante del proceso evaluativo de un catequista en formación.

La autoevaluación permite constatar la calidad de los conocimientos, el desarrollo del Proyecto de Vida y la formación espiritual y apostólica adquirida por el catequista. La suma de autoevaluaciones de la totalidad de los Encuentros dan al catequista los créditos necesarios para su grado al final de las cuatro Etapas.

Corresponde al Coordinador valorar la autoevaluación de cada catequista y consignar los resultados en el formato que le suministra la ESPAC con destino al Delegado Diocesano. De esta forma el Obispo, a través de su delegado, podrá constatar los progresos, los estancamientos o los retrocesos del proceso individual y de la vida del grupo. A partir de esta constatación, el Delegado con su Consejo Académico deberán, luego, digitar y conservar los datos en el sistema electrónico llamado SIRAC.

Una buena valoración de las autoevaluaciones por parte del Coordinador, del Delegado Diocesano y su Consejo, pemite conocer la calidad del grupo y de los catequistas en relación con el ser, el saber y el saber hacer frente a Dios, frente a sí mismos y frente a su entorno familiar y comunitario.

 

3. Los escrutinios.

Al término de cada etapa los escrutinios buscan rectificar la intención y mover la voluntad de los catequistas para que vivan más fielmente sus renuncias y compromisos bautismales, se unan más estrechamente a Jesucristo y prosigan con mayor decisión su esfuerzo por amar a Dios y servir a los hermanos mediante el ministerio de la catequesis. Los escrutinios son, igualmente ocasión para que el párroco tome decisiones frente al proceso vocacional y formativo de los catequistas.

En relación con la Evaluación, la Coevaluación y la Autoevaluación, los Escrutinios son de gran importancia, porque:

  • Permiten alcanzar, mediante la proclamación de la Palabra de Dios, la meditación, la contemplación y la oración, las gracias y la fuerza necesarias para proseguir el camino de discípulos de Jesucristo.
  • Son momentos de gracia para alcanzar la misericordia de Dios y practicarla unos con otros.
  • Permiten revisar y precisar el cumplimiento de los compromisos personales y grupales.
  • Llevan al reconocimiento humilde de las fallas personales y grupales durante la etapa que termina para proseguir el proceso con propósitos renovados.
  • Son ocasión para compartir fraternalmente los logros y las deficiencias.
  • Conducen a corregir fallas y a adoptar compromisos frente a la etapa que se inicia.
  • En tiempo de los Padres de la Iglesia, los catecúmenos debían celebrar tres “escrutinios”, que tenían lugar en las misas de los domingos Tercero, Cuarto y Quinto de Cuaresma. El primer escrutinio se realizaba guiados por el Evangelio de la samaritana; el segundo, por el Evangelio del ciego de nacimiento y el tercero, por el Evangelio de Lázaro.

En nuestro caso, los escrutinios son cuatro, al finalizar cada una de las cuatro etapas del proceso y su realización exige:

  • Fijar con la debida antelación la fecha y el lugar de acuerdo con el párroco y el coordinador.
  • Disponer el lugar frente al sagrario o en sitio que favorezca la oración, la reflexión y la deliberación en la presencia de Dios.
  • Disponer del material acedémico necesario y los demás elementos requeridos, según el momento y el número de participantes en una convivencia que puede ser prolongada.
  • Presentar, por parte del coordinador, los puntos para evaluar, con el esquema: ver, juzgar, actuar y celebrar; ser, saber y saber hacer.
  • El coordinador se evalúa primeramente, luego los demás liderazgos y finalmente los demás miembros del grupo, en forma espontánea.
  • Emplear la metodología de la lectio divina con dos posibilidades.

1) adoptando los textos utilizados en el proceso catecumenal de los primeros siglos en un ambiente cuaresmal, así:

  • Primer escrutinio (Jn 1, 35-51)
  • Segundo escrutinio (Jn 4, 5-42)
  • Tercer escrutinio (Jn 9, 1-41)
  • Cuarto escrutinio (Jn 11, 1-45)

2) adoptando los textos que el grupo, guiado por el Coordinador, considere que mejor pueden iluminar el Escrutinio en relación con el proceso de discipulado cristiano presentado por los Evangelios Sinópticos, san Juan o Hechos de los Apóstoles y procediendo con:

  • Trabajo individual. Concluída la Lectio Divina se proponen los puntos objeto de evaluación.
  • Trabajo grupal: presentación de cada uno con el reconocimiento humilde de sus logros, deficiencias y compromisos pendientes en relación con su seguimiento de Jesús como discípulo. Puesta en común de la evaluación de los liderazgos y de los catequistas y respetuosas observaciones al respecto. Pronunciamiento del párroco y del coordinador, conclusiones, compromisos, oración a la Santísima Virgen María Reina de los Apóstoles y bendición por parte del párroco.

 

Celebrar.

La celebración, en la catequesis es una expresión de fe mediante una acción ritual que lleva a compartir los sentimientos más íntimos y proyectarlos en la vida del grupo de catequistas.

La palabra celebración expresa la modalidad con la que un grupo acoge un acontecimiento y reacciona ante él festivamente. El hecho de celebrar responde a una necesidad natural de las personas como seres espirituales, cargados de sentimientos, afectos y, como seres-en-relación.

Toda celebración se realiza utilizando símbolos, signos, palabras y actos manifestativos del gozo interior. La celebración se convierte en fiesta cuando el acontecimiento celebrado adquiere una dimensión comunitaria, con la participción de muchos.

Celebración de la entrega de los signos

Al término de cada etapa el párroco en celebración litúrgica o paralitúrgica, hace entrega del signo correspondiente de la etapa resaltando su significado espiritual, así:

  • Primera etapa, el signo de la cruz.
  • Segunda etapa, la Palabra de Dios.
  • Tercera etapa, los dones del Espíritu Santo, en especial el de Fortaleza
  • Cuarta etapa, la medalla logotipo de la ESPAC, en la ceremonia degrados.

Hechos los escrutinios se podrá constatar: la calidad de cada catequista en su ser, en su saber y en su saber hacer, su sentido de pertenencia al grupo, a la parroquia y a la Iglesia y su fidelidad en el proceso de maduración humana y cristiana.