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Presentación del Programa

Presentación del Programa

1. Escuela.
Hablar de escuela es hablar de maestro, de discípulos y de procesos de formación.

  1. Maestro. Jesús es el Maestro del encuentro con el mundo de los que “andan en tinieblas y en sombras de muerte”, del encuentro con la realidad más profunda de todo ser humano que solo Dios y cada persona conocen, del encuentro con la Iglesia encargada de abrir el camino de la conversión y del seguimiento tras las huellas del Maestro. En la escuela de Jesús se aprende una vida nueva dinamizada por el Espíritu Santo y reflejada en los valores del Reino.
  2. Discípulo es el que habiendo respondido al llamado del Maestro, lo sigue paso a paso por los caminos del Evangelio. La primera invitación que Jesús Maestro hace a quien, de alguna manera, ha tenido un encuentro con Él, es la de ser discípulo suyo, poner sus pasos en sus huellas y formar parte de su comunidad. Él nos llama a cada uno por nuestro nombre para convivir con Él, aprender de Él y enviarnos a continuar su misión salvadora (cf. Mc 3,14-15). Ser discípulo Jesucristo es la mayor alegría de todo bautizado.
  3. Procesos. Identificado con el Maestro, la vida de todo bautizado debe ser un proceso de crecimiento continuo por etapas al impulso del conocimiento de los valores del Reino de Dios, de la celebración de la fe en los sacramentos y del amor en el servicio a los demás a imagen del Buen Samaritano. Este proceso implica un profundo discernimiento del Evangelio y una continua opción por vivirlo y anunciarlo en las diferentes circunstancias de los individuos y de las comunidades. De esta manera, los discípulos de Jesucristo, se capacitan para abrir caminos de vida y esperanza a nuestros pueblos sufrientes por la ignorancia religiosa, el pecado y todo tipo de injusticias.

2. Parroquial.
La parroquia es el espacio donde se forma y se manifiesta de manera especial la comunidad cristiana, donde se congregan en la unidad las diversidades humanas para insertarlas en la universalidad de la Iglesia y donde los cristianos se hacen pueblo de Dios y discípulos de Jesucristo. La parroquia es el ámbito, por excelencia, donde se nace y se crece en la fe y donde el ministerio de la Palabra se hace enseñanza, educación y experiencia de vida; donde el creyente celebra su fe en los sacramentos y donde se vive el amor cristiano en el servicio a los más necesitados de la comunidad. La parroquia es el ámbito propio de la catequesis y de la formación de los catequistas que realizan en ella su ministerio.

3. Catequistas.
El ministerio de la Palabra que se realiza con la catequesis, alcanza su eficacia mediante catequistas debidamente formados en su ser, en su saber y en su saber hacer para las necesidades evangelizadoras del momento histórico y cultural en que vivimos, con sus valores, sus desafíos y sus sombras. La Iglesia se construye con catequistas capaces de impartir no sólo una enseñanza, sino una formación cristiana integral, desarrollando tareas de iniciación, de educación en la fe, de celebración de la fe en sacramentos y de estructuración de la comunidad cristiana. El logro de estos objetivos exige disponer de profesionales en la acción catequística porque es bien sabido que cualquiera acción que no cuente para su realización con personas debidamente capacitadas, se expone al peligro de fracasar.

El Directorio General para la Catequesis (248) afirma que la vinculación a una Escuela de catequistas de base es particularmente importante dentro del proceso formativo de un catequista, porque estas escuelas tienen la finalidad de proporcionar una formación catequética, orgánica y sistemática, de carácter básico y fundamental.

En la ESPAC, durante un tiempo suficientemente prolongado, se cultivan las dimensiones propias de la formación de un catequista, a saber: el mensaje cristiano, el conocimiento del hombre y de su contexto sociocultural y la pedagogía de la fe.